INTRODUCCION AL PEREGRINO


INTRODUCCION AL PEREGRINO

PRESENTACION
Esta historia, es algo más que le debo a mis padres.
Empezó por un primer viaje en piragua, desde Alicante a Tánger. Lo que me sirvió para darme cuenta que la piragua no era el medio de transporte ideal, para viajar por África.
A este viaje le siguió otro, en bici por el continente Africano, de unos tres meses pasando por los países de Marruecos, Mauritania, Senegal y Mali.
A la vuelta de este viaje, tenía un nuevo proyecto de viaje y no tarde en partir con mi piragua, desde Alicante a Sicilia.
Este año 2010 he llegado a Suráfrica en bicicleta, atravesando un total de quince países, desde mi ciudad Alicante.

viernes, 19 de noviembre de 2010

DUBA












Nuestro personaje, era un hombre que había olvidado, todo sobre su vida, a raíz de un accidente en una planta petrolífera, no recordaba ni siquiera su nombre. Cuando lo llevaron a su ciudad, las personas que lo conocían, le ayudaban; le llamaban por su nombre, les decían cosas que no recordaba, le presentaban personas que habían sido importantes en su vida… Pero el no entendía y ninguno de ellos conocía lo que había sucedido en el golfo de Guinea.
El paseaba por las calles de su ciudad, pero ya no buscaba nada, ya conocía todo porque se lo habían presentado, aunque no sentía nada. El veía que todos tenían algo, que hacía que se reconociesen en el sitio que estaban. El en cambio no se veía reflejado y todo le parecía insulso. No le sacaba ninguna sustancia al paso del tiempo.
Un día sin saber cómo se propuso viajar, no quería coger el primer avión y partir lo más lejos posible para olvidar. Al contrario él quería recordar algo, algo que le enseñase sus orígenes. Así que empezó a caminar desde su ciudad y fue caminando, de una ciudad a otra.
La vida para este viajero, era muy diferente a la que yo llevaba. En esas ciudades seguía contemplando, que todo el mundo tenía su que hacer. ¿Y él? Se aburría, pasaba de una ciudad a otra, rápidamente. La verdad que eran muy bonitas, pero cuando veías unas cuantas, todas parecían iguales. ¿Y los orígenes? ¿Dónde estaban? Costaba mucho apreciarlos.
Estaba claro, el hombre había nacido para hacer cosas pero había algo más por lo que permanecíamos unidos. Y el intentaba trabajar en estas cosas. En cambio estas ciudades le impedían desarrollar todo esto. Y se paró a pensar si merecía la pena tomar otro rumbo en su viaje.
Había muchos rumbos que tomar, al igual que culturas, civilizaciones, sitios… Pero opto por la más primitiva y antigua África. Y así se puso a caminar hacia el Sur.
Ya se encontraba en África, en donde por fin, se estaba dando cuenta de lo bonita que era la vida. El veía como luchaba la gente por pasar unos minutos más en la tierra. ¿Y porque? Por muchas razones pero había una importante razón, que los unía y les hacia olvidarse de otros problemas, para estar con los suyos.
¿Pero dónde estaban los suyos? El siempre se sentía solo. El tiempo paso el aquí se encontraba más a gusto, trataba de ayudar a los que tenían problemas e iba de un sitio a otro. Pero también se canso de encontrarse solo en un sitio rodeado de gente. Y decidió alejarse del mundo y aislarse en un lugar tranquilo, para estar totalmente en soledad.
Llego a una playa desierta del Golfo de Guinea, donde se instalo y pasaba los días; pescando, paseando, cuidando su vivienda. Y por las tardes solía sentarse en la orilla del mar, a ver atardecer.
Una tarde, una niña (no tan niña), que no sabía de dónde venía, se sentó al lado de él. Se encontraron los dos muy a gusto. Y empezaron hablar de muchas cosas, en las que ambos tenían problemas con los demás. Y allí vieron juntos el atardecer. Se tenían que despedir pero algo les decía que no lo hicieran, no sabían qué hacer. De repente se estrecharon en un fuerte abrazo, estuvieron un momento unidos y se dieron cuenta que sus orígenes estaban dentro de ellos.
Va dedicado a todas las personas que estén esperando, este momento.            






miércoles, 17 de noviembre de 2010

UN VIAJE A SICILIA EN PIRAGUA

DESDE  ALICANTE  A  PORT BOU

Era una mañana de Febrero y yo me encontraba en la playa del Camping Bahía, en la Albufera de Alicante, esperando que llegase mi piragua, también había quedado con Luis el monitor y amigo de la asociación AIEM. ¿Quién llegaría antes? Por ahí viene, por ahí viene, era la camioneta del Decatlón, que me traía la piragua. Me ayudaron a descargarla en la playa y mientras la estaba preparando apareció Luis.
¿Qué pasa? ¿Estás preparado? Me dijo, mientras me estrechaba la mano.
Pues, claro. Le respondí.
Hacía, un poco de viento pero no tardaría en salir y doblar el cabo de las Huertas, ese día decidí dormir en la playa de San Juan, monte mi tienda, enfrente de esos imponentes rascacielos  y a la mañana siguiente, con las primeras luces del alba partiría rumbo a Campello, pararía en la Coveta Fuma, a comer algo, al salir de allí hacia un fuerte viento, que me haría volcar por primera vez, des volcaría mi piragua rápidamente y me subiría a ella de un salto, poniendo rumbo a Villajoyosa, no tardaría en llegar a su puerto, donde pare, me hice con algo de pan y de agua, en uno de sus bares y me fui a la cala del Conil a dormir. Al la mañana siguiente  no hacía muy buen tiempo pero decidí salir, cuando partía de la playa una rompiente me vuelca la piragua y al des volcarla el remo hace palanca con el fondo y se rompe.
Vaya desastre y nada más empezar. Menos mal que estaba al lado de casa y que había quedado dos días después, con Luis y otros amigos para pasar, una noche juntos y así que a la tarde siguiente aparecía, junto a Álvaro y otro amigo con un remo en la mano. Aun queda un poco de tarde y decidimos vernos en Benidorm, yo iría remando y ellos se acercarían en el coche. Allí nos veríamos en una cala a las afueras de la ciudad, donde pasaríamos la noche y tendríamos una pequeña fiestecilla.
Al día siguiente tocaba despedirse, yo llegue hasta el morro de Toix y me comunicarían por teléfono que la madre de una buena amiga mía tenia metástasis y estaba muy mal. Así que a la mañana siguiente decido llegar a Moraira y allí coger el tren para volverme a verles, pase un día con ellas y a la mañana volví a coger el tren para volverme a por mí piragua. Ese día dormí un poco antes de llegar a Javea y el próximo día llegaría hasta  Gandía donde tuve que parar un par de días por mal tiempo. Cuando partí estaba un poco preocupado, pensaba que todo iba a ir igual de lento pero al día siguiente me encontraba en la Albufera de Valencia y al siguiente ya había pasado la ciudad. Pero en Buriana, me iba acontecer algo digno de narrar.
La tarde que llegue, plante mi tienda no muy cerca de la orilla pero a la noche se levanto la mar y a la mañana, tuve que recoger corriendo la tienda, porque las olas iban a entrar dentro. Me dio el tiempo justo para recoger las cosas que tenia dentro, cuando acabe una ola entro dentro, llevándose la tienda hacia la playa y dejándola toda mojada. Estaba lloviendo algo y pensé en dejar la tienda bajo del voladizo de unas casas para que se secase, el tiempo era malo y mientras daba algunas vueltas por el pueblo la tienda se iba secando. La sorpresa vino cuando doblo una esquina para ver que tal anda la tienda y veo que no está. Ya me han robado, pensé y empecé a jurar y perjurar pero la tienda no aparecía. Estaba muy enfadado y en eso que apareció Manolo, un señor de Madrid que ya llevaba unos años viviendo en Burriana, lo primero que me aconsejo, cuando le conté lo sucedido fue que me tranquilizase, luego me dijo; que no me preocupase que el pueblo era muy pequeño y que todos se conocían. Así que no le extrañaba que si la habían cogido volviese aparecer. Se fue y me dejo solo de nuevo, pero al par de horas apareció otra vez y en sus manos llevaba mi tienda, fue una gran alegría el volverla a ver. Le di las gracias y a partir de ese momento todos me conocían en el pueblo, me trajeron hasta algo para cenar y esa noche dormiría algo más alejado de la playa, cerca de una asociación que había para los jubilados de la mar.
A la mañana siguiente antes de partir, ya me estaba esperando una señora con una bolsa de nueces y unos plátanos para que me llevase y así como partí de Burriana. Me esperaban muchos sitios por conocer y aunque no fuese el único percance que tuve, no me iba a dar por vencido. La siguiente cita bonita vendría en el delta del Ebro, aunque también pasaría por sitios maravillosos como Peñiscola. Esa noche la pase durmiendo en un astillero bajo un barco y a la mañana siguiente mientras conversábamos, el dueño del astillero me invito a un café.
Conforme me iba acercando al delta del Ebro, vi a un pescador y este me informo que me metiese en el primer brazo, que luego podía salir a mar abierto. Yo le hice caso, lo que no sabía que iba a llegar tan extenuado, que cuando vi tierra no me pare, ni a pensar, que era un cenagal, no importaba necesitaba descansar mis  brazos no daban para más. Cuando hube descansado un rato partí entre las mejilloneras, era precioso, de vez en cuando encallaba mi piragua y tocaba meter los pies en el lodo y andar un rato arrastrándola. El atardecer era precioso, veía manadas de flamencos australes que emprendían el vuelo cuando me acercaba, era encantador, hasta hice una pequeña parada  en una pequeña torre que había derruida, en medio del agua. Llegue a una rampa que había para subir embarcaciones, era el lugar ideal para montar el campamento, habían unos chavales de voluntariado medio ambiental y estuvimos hablando un rato mientras montaba la tienda, estos me informaron que más adelante había como un canal que atravesaba el brazo de tierra y llegaba a mar abierto. Quizás esa noche fue la noche que más frio hizo durante todo el invierno, a la mañana cuando desperté, el doble techo de la tienda estaba escarchado y mientras desayunaba iban llegando pescadores dispuestos a salir con sus barcas. Estuvimos hablando un rato y aproveche para preguntarles lo de la canal, a lo que respondieron, con un no rotundo, decían que llevaban pescando toda la vida allí y que no habían visto nunca una canal. Pero me dijeron que no me costaría arrastrar mucho los doscientos o trescientos metros, la piragua, que me separaban del mar abierto.
Con la idea de arrastrar mi piragua, partía de ese pequeño muelle y en media hora me encontraba en tierra, la estrategia era la siguiente; vaciar mi piragua, llevar las cosas hasta la playa y por ultimo arrastrar mí piragua hasta allí. Una vez que estaba todo allí, monte el equipo encima de la piragua y salí mar abierto, aquí la mar estaba más movida pero no impidió que llegase a la misma desembocadura y parase en la misma, en un ápice de tierra, mientras veía a unas cuantas barcas pescar en la misma desembocadura.
Cuando partí de allí, era impulsado por las olas que producía la desembocadura, era una gozada surfear estas olas, sin el problema de encontrarte ese obstáculo de la orilla. Estaba oscureciendo pero estaba dispuesto atravesar todo el delta del Ebro, por lo que llegue al siguiente puerto de noche, era como si me estuviesen esperando, me dejaron ducharme en sus vestuarios y después me fui a tomar algo y a conectarme un rato a internet, cuando regrese al puerto se brindaron a dejarme dormir allí pero llegaba con ganas de ir hacia una playa y dormir allí, así que me tomaron por loco y dejaron que me marchase. Y esa fue la travesía del famoso delta del Ebro, conocido por su peligrosa desembocadura.
Al poco tiempo llegaba a la provincia de Barcelona y en el puerto de Castelldefel, me querían hacer pagar por amarrar mi piragua y cargar de agua, a lo que les respondí con un venga ya, cargando de agua en el pantalán y llamándoles de catalanes, tacaños y más cosas. Pase la gran capital y a medio día paraba en la Barceloneta después del puerto y después de uno o dos días más navegando, haría un viaje de vuelta Alicante, porque sabía que después lo tendría mucho más difícil.
Cuando llegue dije, que estaba dispuesto a llegar hasta Venecia, que como última prueba me faltaba pasar el cabo de Creus. Pero no me hacían mucho caso, así que pase unos días con los míos y volví a por la piragua, que estaba en un puerto, dispuesto a proseguir el viaje. Me adentre en el cabo de Creus y todo era encantador, aunque el tiempo era algo malo me permitía, ir poco a poco arañando unas millas. Pise una de las islas Medas y subí hasta su cima, también pase la bahía de Rosas en línea recta, pese a los consejos de las personas del puerto de la Escala, que decían que fuese costeando. Pero un poco más tarde me tocaría descansar en una cala medio día debido al mal tiempo y al siguiente tendría esas maravillosas vistas del faro de Creus, con las montañas de los pirineos nevadas al fondo.
Me daban ganas abandonar mi piragua y ponerme andar por esas grandísimas montañas pero mi viaja debía de proseguir y esa misma tarde llegaría a Portbou, donde se cumplía la primera etapa, de este periplo del Mediterráneo.                                   



sábado, 13 de noviembre de 2010

CUADERNO DE BITACORA 1parte

No voy a contar mi vida y mi nacimiento, quizás no tenga nada de especial, seguramente sea tan normal como; pasar una infancia con tus padres, crecer con los problemas de la adolescencia y llevar una vida lo más acorde al sistema que nos rodea pero en el fondo había algo que me hacia narrar una serie de episodios, que cada vez me hacían gestionar mi existencia.
Corrían tiempos de abundancia y en mi ciudad bañada por las tranquilas aguas del Mediterráneo, las personas andaban como locas, confusas por las noticias que comunicaban, a unos ciudadanos que perdían los valores de la vida, para obsesionarse en cosas vánales, preocupándose que iba a ser de ellos el día de mañana. Todo este mundo era tan diferente a mí, que se me hacía muy difícil seguir su ritmo, pero pienso que para seguir en el camino, también hay que bajar al infierno. Y el camino estará lleno de sentimientos, de sensaciones, de encuentros y de verte tu mismo en soledad y esta combinación tan explosiva harán a una persona, más o menos capaz de afrontar una serie de situaciones, que a la vez te darán otras y otras y … Y este es otro gran problema en mí.
Y que me iba a dar tanto cumulo de sensaciones que Alicante tuviese puerto, a mar abierto, adquirido por gente ostentosa, que ya no tenían en sus entrañas el sentimiento de conocer mundo y emprender nuevas semillas en otras tierras, enfrentándose a los mares que hiciese falta. No me importaba, no estar rodeado de auténticos marineros y no tener una reina que me pagase mi calavera. También eran otros tiempos y esto último resultaba más fácil, simplemente tienes que ir con una tarjeta de plástico y consigues todo lo que necesitas, yo que venía de sitios donde era difícil hablar de dinero, pero en el fondo soy un sentimental y todas estas ideas que conllevan las nuevas tecnologías, no me convencen demasiado.
Recuerdo, la primera vez que salía a la mar con mi embarcación el Peregrino, un pedazo de kayak, con el que estaba dispuesto a llegar a Tarifa y más allá. Me basto que vinieran unos buenos amigos y nos despidiéramos a la luz de la luna, con unas cervezas y unos cuantos cañones, no esos que se disparan. Para poner rumbo en una larga noche a esa pequeña pero maravillosa isla, que tiene Alicante, Tabarca. Pase entre sus escollos y dormí en una pequeña cala orientada al sur, hasta que amaneció. Cuando desperté y fui a un barecito pasó algo muy gracioso. Una policía me pregunto si era yo el que había dormido en la cala. A lo que le respondí; que yo era de Barcelona y no sabia na. Tonterías de esas a mí, que he dormido hasta en los lidos privados de Italia.
Ahora voy a empezar, mi tercer viaje en piragua por el Mediterráneo, partiré desde la isla de Sicilia al Sur de Italia e intentare llegar a Estambul (Turquía). Las fechas de partida se van aproximando, pero aun me toca pasar unas navidades bien merecidas. El proyecto del Peregrino sigue sin ser financiado, ni por el tesoro público, ni el privado. Pero no es obstáculo para esa idea del peregrinaje, que tan arraigada la tiene.
Hace unos meses llegue de ese continente tan mágico, que es el África y tan diferente que a veces parece que estés en otro planeta, aunque el único que tiene el ombligo para adentro eres tú. Tenía muchas ganas de comunicarme con los míos, pero sabía que iba a dejar atrás un mundo, que me había enseñado un montón de cosas y aunque eran muy difíciles de aplicar en este mundo gestionado por el capitalismo, no quería que se me olvidaran.
Cuando llegue al aeropuerto de Alicante, nadie vino a recibirme, muy normal en mi, llegar de sorpresa. Todo parecía una estación alienígena, fría como el hielo, maquinas para todo, luces y colores por todos lados, gente uniformada y con un estrés y unas prisas, imposibles de ver en cualquier país de África, cuando salí fuera habían naves que te tele trasportaban, a cualquier parte. Pero ni corto ni perezoso desenfunde la bicicleta que me había llevado a Suráfrica y puse dirección al centro de la ciudad. Las personas que veían mi rueda trasera, me anunciaban, que estaba muy doblada. Yo les respondía; no importa ya llevo más de diez mil kilómetros así.
Llegue a la ciudad que me vio nacer, pero todo era tan diferente a esa Alicante de piratas, recuerdo cuando corría por sus descampados, con un pantalón corto, una camiseta vieja y una pandilla de niños buscando la aventura más grande o enfrentándonos al bando enemigo para conseguir la gracia de la princesa. Y así pasaron los días pero yo seguía siendo un pirata y mi ciudad no estaba preparada para este tipo de personas.
Después de unos cuantos kilómetros, llegue al barrio donde vive esa encantadora persona, que es mi hermana. Las calles de este barrio me han visto crecer y también me vieron partir hacia África, en un viaje que estuvo lleno de problemática política, desde el primer momento. Cuando quería iniciar mi viaje por Argelia y lo único que encontraba, eran pegas para pasar por este país. Lo que me hizo pensar volver a coger la opción de Marruecos, Mauritania, Senegal…No me importaba volver a pasar por sitios por los que había pasado anteriormente, tenían tanto que saborear. El viaje me hizo recordar muchas sensaciones anteriores y cada vez que iba a pasar por una zona por la que ya había pasado, pensaba será así y asa. Nunca me defraudaba, aunque resulto ser un viaje diferente, cargado de nuevas amistades, momentos y  porque no problemas que ya empezaban en la frontera de Mauritania. Pero ya habrá tiempo de hablar de mi viaje. Ahora me tocaba recordar a esa persona tan especial para mí, María Victoria Domenech Sánchez.
Los tiempos han cambiado ya tenemos unos cuantos años más, pero aun sigue siendo esa persona sensible, a la que su hermano pequeño la seguía por debajo de las camas para poder verle las braguitas, luego me apuntaba a unas clases de música para quitarle importancia. La verdad que de los tres hermanos, fue la que salió con la cabeza más en su sitio, ayudaba a sus padres, luchaba por sus hermanos y por todo eso y más fue la que más lo sufrió. Aunque aún recuerdo cuando los fines de semana, nos despertábamos y nos subíamos los tres juntos en una cama conmigo en medio y nos preguntábamos por lo que habíamos soñado y los tres soñábamos lo mismo y juntos íbamos haciendo una historia, que otro día, volvíamos a intentar continuar. Son tantas cosas que olvidar, que es imposible. Pero era la chica y con mi hermano haría mi primera vía de escalada, eso que me vistió durante tantos años y por lo que hubiera dado a ciegas mi vida más de una vez. Que son ellos, todos los que desprenden calor. Y de mis hermanos, es tanto, que los malos momentos solo se pueden quedar en guerrillas  familiares.
Y así volví a mi barrio, con el triunfo de haber llegado a Cape Twon y haber atravesado toda África, en una bici. Cuando abrió la puerta de casa, mi hermana se llevo una gran sorpresa, a las que ya está acostumbrada:
-Hombre, Ramón.
-Un beso Victoria.
Estuvimos un rato hablando y que raro esta vez, no fue acosarme desde un principio con mis proyectos de vida, incluso me animaba a seguir con mis viajes. Era algo diferente para mí, que me hizo mucha ilusión. Pero no solo de ilusión vive el hombre, así que ya rondaban por la cabeza planes de esponsorizacion, eso tan difícil para una persona a la que le gusta llevar su ritmo, así que ni corto, ni perezoso, me puse manos a la obra. Pero ¿cómo se hace eso? Lo primero que se me ocurre, es ir dejando un dosier que preparo, ya no sé ni para que o para quien por todos los medios de comunicación, hasta que ya me doy cuenta que nadie me hace caso y opino que este trabajo es un poco inútil. Mientras los días pasaban sin muchas fiestas de bienvenida pero con muchas alegrías.
 Yo, no se podía decir que parase quieto, siempre tenía algo que hacer o ir a visitar a alguien pero empezaba a echar muchas cosas en falta y todo esto me empezaba aburrir y no llevaba ni un mes, en Alicante. Muchos creen que es una buena vida eso de no hacer nada, dedicándote hacer tus cosas. A mí esto ya me resulta aburrido y tener un trabajo cómodo, una pequeña obligación lo mismo.
No sé, a veces, pienso que esto ya no está hecho para mí. ¿Por qué? Un motivo importante es que no se qué pinto, no es mi guerra, no quiero este mudo tan complicado, con tanta abundancia, no me gusta y no puedes luchar contra toda una población desbocada, yo me adapto pero no duro mucho y en el fondo estoy triste, me falta energía. Me niego a vivir así. En cambio, cuando estoy en un pueblecito de esos por ahí perdido es diferente. Te despiertas una mañana y ves que el ritmo es diferente, tienen que ir con cuidado no acabar todas las cosas que tienen que hacer. Tú te levantas indagas y ves tantos problemas que se podían solucionar con un poco de inversión, hablas con ellos, eso tan difícil. Comunicarse sin medios, ya no solo por el idioma, a veces por el desconocimiento de las cosas. Y vas pasando el día contemplando de que manera tan simple ha pasado y admirando lo poco que has gastado, ya no me refiero al dinero, eso tan banal, sino a las riquezas de esta tierra. En el fondo ha pasado un día tanto en el mundo desarrollado, como aquí pero aquí se tienen otros valores de vida y para lo que aquí puede ser un acontecimiento histórico que llegue un hombre blanco, con una bici, hacerte una fiesta, tenerte un mes o el tiempo que haga falta en el pueblo, hacerse todos amigos tuyos dándote el numero de móvil, etc. Aquí puede ser que llegue el Papa, montar la gran fiesta y estrecharte la mano. Pienso que hay mucha diferencia.
Son también muchas cosas más las que aprecio y las que me hacen sentir, estar incomodo. La verdad que valoro lo que tengo aquí y siempre lo llevo conmigo y sé que un día volveré con otra mentalidad, es una fase de la vida que es  interesante pasarla, al menos para mí.
Pese a mis problemas de existencia, estaba en Alicante e intentaba no desaprovechar el momento. Además pensaba salir con mi piragua para el 4 de Octubre y yo había llegado el 11 de Julio de África. Y aunque me estaba agobiando porque nadie me hacía caso, no lo estaba pasando mal. No quería agobiarme tampoco porque intentasen cambiarme la forma de vida y mis pensamientos. Y pensé que estaba llegando el momento de coger algo de distancia, así que mi cabeza, empezó a cuajar una idea que ya llevaba dentro.
Por un lado, empezaba a notar faltas. Aquí no habían arboles, ríos, montañas en definitiva donde estaba la naturaleza y la convivencia. Este año a mis amigos y compañeros de AIEM (asociación de inserción del enfermo mental), nos habían quitado los campamentos de voluntariado ambiental, vigilando los bosques. Y además donde estaban las aventuras, aquí solo las tenía cuando salía con el capitán Héctor Navarro, del que ya hablare y nos perdíamos con el súper cata, por la bahía de Alicante. Un catamarán que cuando lo compro, salía un silbidillo, de no sabemos dónde, cuando arreciaba el viento, así que le íbamos a poner el fantasmilla pero al final se quedo, con el nombre del Catalejo. El nos ha hecho trazar un montón de diagonales por esta bahía y nos ha llevado más de una vez a Tabarca. Aunque lo más grande que ha conseguido es formar a ese equipo, dispuesto a lo que haga falta y pasar un buen rato juntos, eso sí más de una vez hemos estado con el culo apretado. De nuestra amistad no es que la haya mejorado o empeorado pues la llevamos, más de veinte años y es difícil que se rompa, por que se caiga un mástil o porque un barco empiece a de vueltas, el solo por el mar.
Por otro, lado me había venido a la cabeza que tenía que seguir intentando divulgar mis ideas. Y si aquí no me hacía caso nadie iría donde hiciese falta, no me importo cargar con el ordenador y un proyector, a lo que soy tan reacio. Las vacaciones ya estaban pensadas, tenía ganas de volver hacer el camino de Santiago y que mejor sitio para divulgar la historia del Peregrino.
Cuando empecé a decir que me iba a ir a Pirineos, con mi bici y de allí haría el camino de Santiago, no me hacían mucho caso, acababa de llegar de África, por lo que pensaban que estaría cansado de tanto viaje.  Pero pasaron algunos días y seguía con la misma idea, incluso más convencido, había conseguido algo de material de dos colaboradores que me apoyaban y ya estaba listo todo para partir. Entonces empezaron a decir; ¿Qué, que iba hacer yo allí? Sabía que seguramente no haría gran cosa pero lo tenía que intentar, venia con las pilas muy cargadas, gracias a ese continente y no me podía quedar de brazos cruzados, total cada vez me cuesta menos hablar de ella, aunque no vea la impulsividad de las personas. Es tanto lo que hay que hacer y reparar, a veces nos sentimos a gusto, ayudando económicamente a una ong. ¿Pero es esa la solución? Ya intentare hablar de todo esto, para esto estoy aquí.
Seguramente, me irían mejor las cosas si me ayudasen pero es tanta la energía que retenemos las personas, que no me faltaba nadie para que diese el pistoletazo de salida. La noche antes de salir nos despedíamos, en casa de mi buena amiga Pepa, unos pocos amigos, viendo la proyección que me iba a llevar para enseñar, por los caminos que fuese. Fue una velada encantadora amenizada por más de un artista y el calor suficiente para aguantar un poco de alcohol. El objetivo del viaje como otras veces no sé si lo conseguí, pero me puedo sentir satisfecho, conocí a unas personas a las que intente expresar lo mejor posible mis sentimientos y les di a entender algo de este continente, tan querido para mi, África.
Cuando pare, con el autobús en Lérida, estaba entusiasmado con subirme al Pirineo, a visitar a Xavier Siscart  esa persona tan especial. El encuentro no sé cómo iba a ser y mientras me acercaba con mi bici, no paraban de rondarme ideas por la cabeza, hacía años que no nos veíamos y la convivencia juntos había sido muy intensa pero, el encuentro, no podía ser de otra manera, así es el. Estaban en una comida de final de temporada, con los trabajadores y familiares pero no tardo en sentarme a su lado. A la vez que me daba su confianza, no era tonto y a la vez que hablaba veías, que olvidaba, es una persona que marca y de la que no suele quedar nada de lo malo. En cuanto a si es autentico, lo es; un poco artistilla, con sus ideales muy claros, su familia y estas cosas y algunas más las hace realmente a gusto, lo de bien, nos lo dejaremos aparte como todos los que somos un poco chapucillas.
Pase unos días realmente bien, relajado hablando de nosotros y comentándonos proyectos, parecía que habíamos vuelto a los viejos tiempos. Y no me apetece pasar la hoja. Pero me iba a encaminar al pueblo más joven de escaladores, alpinistas y montañeros, Benasque. Donde no me deparo mucha la suerte, quizás porque llegaba con mucha ilusión. Todo eran darme largas, además no veía a nadie de los que conocía, pero no me importaba estaba en medio de la naturaleza y rodeado de unas montañas, que siempre me han dado un montón de energía. Además no iba a ser todo tan fácil. Sabía que aquí se me podía ayudar mucho en mi proyecto y económicamente, quizás fui un poco precipitado al abandonar tan rápido, seguramente que si me hubiese quedado más de un par de días, hubiese conseguido algo. Pero mi cabeza ya estaba en el camino de Santiago y quería llegar cuando antes.
Y así fue como en unos días más me plante en Roncesvalles. Eso si antes pare en el albergue del peregrino de Jaca, donde recogí mi credencial y pase por primera vez la proyección de mis viajes. A los peregrinos que lo entendieron les agrado y algunos hicieron alguna aportación económica, que me sirvió para pasar el día siguiente. Ese no fue el único día que mostré mi proyección, por el camino una tarde que pare en un pequeño pueblo, unos niños que se encontraban jugando en un parque, me preguntaron de donde venia y sin saber cómo me encontré sacando mi ordenador y enseñándoles fotos de África.
Ya me encontraba en Roncesvalles y no sé cómo me vi liado, con un personaje curioso. Quizás fue esperando a que abriesen el albergue, que conocí a Fernando, un argentino, que venía con una bicicleta holandesa, es decir; sin frenos delanteros y los traseros, frenaban con los propios pedales invirtiendo el sentido del pedalear. Y estaba empeñado en llegar a Santiago sin salir de los caminos. Aunque no fue al único que encontré en el camino con esa moral, luego dicen de mí que si sufro. Lo mío, al de los pies con ampollas, las lesiones, los que empujan sus bicis en las cuestas por que no pueden, las madrugones que se pegan… Es pan comido, estas personas son auténticos valientes, sacan las fuerzas de donde sea para llegar a Santiago de Compostela. Pienso que es una buena convivencia, en cuanto a lo religioso ya tendré tiempo de hablar y con cosas más serias.
Esa noche dormí en la misma habitación de Fernando y la tarde la pasamos juntos, hablando de  cosas y viendo la proyección los dos solos en una de las paredes del albergue, no fue lo mismo que pasarlo para un grupo de personas, pero estuvimos comentando un poco las fotografías. El día siguiente nos separo, el tenia que parar en Pamplona a poner unos frenos delanteros a su bici y yo seguiría más adelante.
Luego, pasaron unos días, hasta que conocí a Nagore, una pequeña pero encantadora mujer. Había apostado con su padre, que llegaría a Santiago montada en su bicicleta desde Victoria. Todo ocurrió de la siguiente manera, yo había llegado al albergue de Santo Domingo de la Calzada y decidí quedarme aunque era un poco pronto. Así que lo primero que  hice después de cambiarme y de arreglar mis cosas, fue poner el cartel de mi proyección; “Hoy a las 8,30 proyección de viajes por África en bicicleta, por el Mediterráneo en…en el salón del albergue”.  Una vez hecho esto me fui a dar una vuelta por el pueblo y allí en la silla de la terracita de un bar vi por primera vez a Nagore, estaba tomándose un café y llamo mi atención verla sola, toda jipiosa, con sus mallas de rayas pero no le dije nada, siempre he sido un poco vergonzoso para entrarle a una mujer y fue ella la primera, que me dirigió la palabra cuando nos presentaron en el albergue:
-Hola, eres tu quien pasa la proyección.
-Sí.
 -Y, de ¿qué es?
-De unos viajes que he realizado por…
- Que, chulo, me interesa hay estaré.
Ese día hice el pase para siete u ocho personas, en las que se encontraba un interesante hombre que trabajaba para Repsol de ingeniero de prospecciones petrolíferas. Había estado trabajando en muchos países de África y en muchas cosas que habíamos visto coincidíamos, daba gusto hablar de África con una persona así. La noche paso pero no hubo nada mágico y al día siguiente me dirigía junto con Nagore a Burgos.
-Quieres que paremos en la fábrica de San Miguel, le decía a la entrada de Burgos.
-Pues vale, me contesto Nagore.
Y todo eran conversaciones así. Eran bastantes monólogos tanto por mi parte, como por la de ella, por lo que esa fue la última noche que pasamos juntos. Al día siguiente ella se quedaría durmiendo en el albergue mientras yo partiría a seguir mi camino. No tarde mucho en encontrar las siguientes amistades, un grupo formado por un alcoyano de Alicante, Jordi, Roger de Barcelona, una pareja de Italia y Francesco también de Italia. Había llegado a un pueblecito a medio día y se encontraban en un parque descansando después de comer, yo me senté al lado de ellos y empecé a entablar conversación, a alguno de ellos ya me los había cruzado por el camino. Así que cuando partieron no me costó decir; me voy con vosotros. Al ratito me iba a plantear otra vez lo de seguir con ellos, llevábamos veinte kilómetros y habíamos cogido una velocidad vertiginosa, la verdad que fue algo generalizado lo de apretar el culo contra el asiento y poner su granito de velocidad, aunque cuando paramos todos nos dimos cuenta que íbamos demasiado rápidos, por lo que continúe con ellos.
Esa noche, llegamos a Viatoris, un albergue del camino de Santiago, de esos que marcan, por la estupenda forma en que lo llevan y la generosidad y buen estar de su dueño. La verdad que hay muchos sitios así que no saben qué hacer, para mantener el camino, no les importa estar solos en medio de un paramo, si cuando llega el peregrino se ve cobijado, por su cariño. Son muchos  los que dejan una vida de bienestar para dedicarse en cuerpo y alma, a este menester, de ayudar al prójimo en sus metas y no tienen nada que ver con la iglesia, como ya he dicho es un buen sitio para convivir.
A la mañana siguiente, partíamos hacia León y si esa noche les había tocado cocinar al matrimonio italiano; Linda y Piero. Esa noche nos tocaría a Jordi y a mí, por lo que no podía separarme del grupo, además había quedado en enseñarles la proyección. El día paso entre bonitos parajes y la noche cayo. A Jordi le toco hacer una paella y a mí un par de tortillas, no estuvo mal, a la fiesta, se sumaron Jaume y su pareja que rodaban por el camino de Santiago agobiados por las prisas y un poco en soledad. Pedimos permiso para ver la proyección en el albergue y rápidamente nos cedieron una sala para verla. La siguiente noche sería la última noche que pasaría con este encantador grupo de amigos del camino. El ¿Por qué? Es un poco complicado, pero es una forma de ver las cosas. El grupo estaba cada vez mas hermanado y aunque se hacía muy cómodo ir de esta manera. Yo por uno de los motivos que había venido a este lugar, era para comunicar en todo lo posible mi historia del Peregrino y el estar rodeado de este ambiente de camarería, me impedía el contar cuando encontraba a alguien, que venía de África y bla, bla, …
Bueno, en realidad, fueron dos noches más las que pase con ellos, en total cuatro, no me acordaba de la noche de brujas que pasamos en Sarria, que aunque no llegamos a probar la queimada, bebimos  alguna copilla de mas y nos pegamos algún baile en la plaza del pueblo, con un grupillo gallego, por lo que quizás no me acordaba. Pero ahora me encontraba solo y añoraba esos momentos de compañía y aunque al cabo del día, siempre acababa hablando con alguien de mis aventuras. Ya no eran esos ratos de risa y de compartir.
En un par de días más me encontraba en Santiago y se iban a mover unas teclas. Cuando descanse lo primero que hice, fue llamar a mi amigo José Santamaría, un señor que había conocido en el desierto del Sahara, en mi primer viaje, al continente africano. El iba de camino a Dakla, con su furgoneta a visitar a una antigua amistad, paso despacio por al lado de mi bici, me quede mirándolo y le dije;
- Tu eres español.
Así que unos metros más adelante, paro y tres días después nos veíamos en Dakla. Desde entonces nos hemos comunicado con correos electrónicos, pero nunca nos habíamos vuelto a ver.
-Santamaría, que haces.
-¿Donde estas tu, has llegado a Santiago? 
-Pues, claro. Mañana iré a verte. ¿Cómo llego?
 -La Pobla de Caramiñal, está en bla, bla,…
Había quedado para ir al día siguiente pero esa tarde saldría a tomar unos sidriñas y conocería a Liana, que como indica el nombre me lio, ¿cómo empezó?;
 -Trae que te voy  a enseñar, a escanciar la sidra. Que yo soy de Asturias.
Y ahí estaba yo viendo cómo caía la sidra dentro del vaso.
-Sí que esta mas buena, le dije.
-Con el tapón que te ha puesto el Sebas es muy fácil, ahora sigue tu solo, yo me voy con mi colega. Me decía mientras se alejaba a la barra.
Pero no tarde en acercarme a su lado y tras estar hablando un rato con ellos. Le anunciaría que iba un momento a la estación de autobuses y luego volvería. Cuando regrese seguía en el mismo lugar, yo no tarde en pedirme otra sidra y ella no tardo en ofrecerse a enseñarme la ciudad. Me enseño la ciudad y muchas más cosas pero ninguna, que no se pueda dejar de contar.
Esa noche la acabe pasando por ahí, fueron muchas las veces que le insistí que nos fuéramos a su casa pero no quiso, a cambio conocí a un montón de gente de la noche de Santiago y ahora seguimos nuestra relación por internet y nos veremos dentro de unos días en Valencia. Cuando llegaba al hotel, era imposible coger la bici y acercarme al pueblo de José. Así que me toco coger el teléfono y llamar;
-José, que esta noche he salido y …
-Yo que había llamado a la prensa para que te hiciesen una entrevista…
-No te preocupes, hoy descanso y mañana estoy allí.
Y, bla, bla, bla… Ese día me lo tire descansando y no tengo mucho que contar, salvo que fue una resaca un poco pesada, ya que Liana y yo habíamos bebido un poco más de la cuenta. Pero a la mañana siguiente llegue con mi bicicleta, la que había llegado al cabo de Buena Esperanza, al pueblo de José. Fue un encuentro muy emocionante, hacía dos años que nos conocíamos y desde entonces nos comunicábamos por internet. Todo el pueblo me estaba esperando y al ratito vinieron unos periodistas de “la voz de Galicia” me hicieron una entrevista y unas cuantas  fotos. Después nos me llevo a polideportivo donde entrena, un sitio encantador de la ría de Aurosa, allí me duche, cambie mi equipo de ciclista, por ropa de calle y comimos en un bosque de los alrededores. A la tarde volveríamos al pueblo y me presentaría a muchas personas, subiríamos a la montaña de la pobla de Caramiñal y me enseñaría unas vistas impresionantes de la ría. Y la noche ya estaba reservada había quedado reservada para pasarla con su pareja y un buen amigo suyo. Cenamos en casa de Espe de Esperanza, una comida a base de productos de la tierra, en la que también compartieron plato su hija pequeña y José Luis, después llego el momento de pasarles la proyección de mis viajes, fue una velada muy entrañable y todos menos José Luis, nos quedamos a dormir en la bonita casa de Espe frente al mar.
La mañana siguiente llego y venia el momento de las despedidas, eso que a veces nunca quieres que llegue pero cada uno tenía sus proyectos y eran diferentes. Ellos a la tarde tenían que asistir a una boda y yo ponía rumbo Alicante, tras haber realizado el camino de Santiago, haber vuelto a ver a José Santamaría y otras amistades del Pirineo. Tras de mi quedaron un montón de historias, algunas que simplemente acaban de empezar pero mi camino seguía su rumbo y el Peregrino también, el que se crucen solo depende de nosotros.

ULTIMO VIAJE POR AFRICA


El viaje comenzó con problemas, partía antes de la Navidad de 2009 y me ponían pegas para entrar en África por Argelia, el terrorismo y la burocracia. Después de varios intentos decidí tomar la ruta de Marruecos, no era mi primer viaje a Marruecos, pero me pareció tan maravilloso como siempre, la hospitalidad de sus gentes, tan grande que es difícil, muy difícil encontrarla en algún otro sitio. A la mínima ocasión te ves liado para comer o dormir en sus casas. Pero mi viaje debía continuar y con él, los problemas. Llegando a Tam-Tam, me dijeron que este año, a partir de Noviembre, ya no hacían los visados para pasar a Mauritania en la frontera y estaban obligando a darse la vuelta a muchos turistas.

Decidí llegar a Dakla y cruzar casi todo el desierto, así logré animarme después de la desagradable noticia. Una vez allí compré un billete de autobús a Casablanca para ir a la embajada de Mauritania y solventar mi problema con el visado. De vuelta en Dakla partía con mi bicicleta hacia la frontera, unos 300 kilómetros, acompañado de un holandés y una chica Austriaca que iban a Dakar. Al llegar a Mauritania nos separamos, ya pedaleaba solo por un país donde se respiraba algo de tensión y mucha culpabilidad. Sus gentes eran más abiertas que el año anterior, preguntaban de dónde venías, adónde ibas, hasta la policía se ofrecía para acompañarme a los distintos controles, aunque luego me decían que no había problema, que era seguro.

Llegué a Nuakchott, allí paré un día que aproveché para descansar y comprarme una nueva cámara de fotos pues la que comenzó el viaje se había llenado de arena del desierto que había roto el motor del objetivo. El siguiente destino era Senegal, llegar a Dakar que no lo conocía. Me decidí por la ruta del Parque Nacional de Diama pues en mi anterior viaje ya había cruzado por la frontera de Rosso, en esta frontera los policías de Mauritania se ponen algo pedigüeños pero no hay problema.

Al entrar en Senegal se irrumpe en el mundo africano, a pesar de tratarse de un país algo más occidentalizado. Senegal está más alejado de la cultura musulmana, comienzas a ver colores, escuchar ritmo y también se ven cervezas en los escaparates. Ya podía decir: "Estoy en África, esto es lo que quiero", estaba contento, iba silbando, sentía una gran alegría.

De Dakar fui rumbo a Malí, allí llegaba de pobre a más pobre pero la pobreza en Africa no importa, es duro pero ahí estaba y debía vivir con ella, sino eres hombre muerto por muchos motivos. El año anterior la lástima me comía, la calle de África hay que vivirla, si se va a los sitios turísticos te quedas sin descubrir muchas cosas.

Por Kayes entré en Malí, este año no me metí por ningún camino de este maravilloso país y aún así se me rompió algún radio de la bicicleta que tuve que arreglar a la manera africana, ya dare las instrucciones en otra ocasión. Ya en Malí tampoco pude visitar Tombuctú este año. De la capital, Bamko, fui directamente a Burkina Faso donde la policía me cobró cinco mil francos de mas, no importaba demasiado pues en algún sitio me lo tenía que gastar. Además mereció la pena, fue un flechazo directo al corazón, me enamoré de su magia, había algo diferente. Aunque seguía haciendo el mismo calor insoportable, todo me parecía distinto; hasta los niños que recogían las sobras de las mesas, las que les dan pues nunca piden aunque lleven su cacharrito vacío.
Llegue a Oagadugu, la capital, una tarde con una nube de polvo impresionante. Me sumergí en el tráfico calamitoso, lleno de atascos y ruidos, de estos paises  y llegué al mercadillo de las bicicletas. Allí un "manitas" me asesoró para cambiar los tres radios arrugados que tenía mi bici. Fue como siempre, esa gracia especial que tiene la gente de allí para ayudar. Los musulmanes son hospitalarios, mucho, y en el corazón de África no te pueden ver padecer; cuando te ven gritando, llorando, necesitado, enseguida están ahí para ayudar, para preguntarte qué te pasa. Esa es la poca educación africana.

Ahora iba en dirección a Togo, hacía el norte, y también allí me tocó pagar. Seguía embrujado como en Burkina, pero ya estaba algo más acostumbrado. Paré en un pueblo donde me dijeron que estaba el Barranc de los hipopótamos, les hice fotos y también se las hice a un niño desnutrido. África, la ley del más fuerte, la del hombre sin miedo capaz de sonreír aunque no tenga fuerzas.

De Togo entré en Benin, también por el Norte, no tuve problemas, los mínimos, y decidí seguir con mi práctica,  comprar antes a un policía que a un político. Sin embargo, esto se iba a acabar pues al llegar a Nikki, después de cien kilómetros de pista, la policía nigeriana me dijo que no aceptaba sobornos y me expulsaron del país. Me obligaron a bajar a Cotonou, la capital de Benina, para sacar mi visa a Nigeria.

Sin rechistar me hice los cien kilómetros de pista y los quinientos a la capital. En Benin conocí a Herminione y Naiia, las dos ayudantes del cónsul español, muy competentes en su trabajo, que en dos días me consiguen el visado para Nigeria. Eso sí, delante de Herminione entregué 30.000 francos al ayudante del cónsul de Nigeria, que me hizo un recibo por 25.000. Con algo menos de dinero marché hacia Lagos, donde tuve que parar a gestionar mi visa para Camerún. Ya había reemplazado mi slogan acerca de las fronteras, ahora pensaba que "Hombre precavido vale por dos".

 
Me iba a encontrar con un África muy diferente, donde una civilización se había quedado a medio construir, siendo invadida por la genuina África. Habían mil y una sorpresas por descubrir y todos me decían que era muy peligroso descubrirlas. Me fui directo a la embajada de Camerún y en la misma puerta me enseñaron ochenta euros, me quedé "flipado", ¡solo me quedaban sesenta! Después de algunas gestiones conseguí los veinte euros que faltaban y en la misma puerta cogieron el dinero y mi pasaporte y me citaron en una hora. A la hora tenía mi visado para continuar el viaje.

En Nigeria descubrí el caos africano al que me acostumbré en un día. Pedaleaba por una "autopista" de cuatro carriles  donde los coches cruzaban la mediana cuando lo necesitaban o les apetecía. Oscurecía y no encontré nada mejor que un pueblecito de chabolas, dos chavales se acercaron y me invitaron a acompañarles, me armé de valor y decidí entrar. Me rodearon, planté la tienda entre las chabolas y miraron como descargaba la bicicleta; alguien llegó con un teléfono móvil y fue filmándolo todo, mientras decia; esto es un acontecimiento para el pueblo. Llegó la noche y a la luz de las velas encendieron un loro a baterías y... ¡Fiesta! Me pregunté si éste era el peligro de Nigeria. Después de esa fabulosa y extraña experiencia lo demás fue dejarse llevar por carreteras llenas de militares que de vez en cuando me hacían parar y en ocasiones me pedian un pequeño soborno. Crucé Níger y me dirigí a la frontera con Camerún.

Entré por unas pistas y sitos preciosos, pequeños pueblos y caseríos repletos de niños con uniformes escolares y machetes en la mano, todo era más tranquilo. Estaba en África, pero siempre encontraba a alguien que hablaba algo de español. Así, entre niños y buenas gentes, llegué a las faldas del monte Camerún y allí me uní a un grupo formado por dos americanos, un inglés, un danés y un africano, sí, como en los chistes. Juntos, llegamos a la cumbre.  El monte Camerún es impresionante, desde arriba un mar de nubes impresionante y cuando ves la bahía del golfo de Guinea todo parece un sueño radiante, una visión que te deja sin palabras. Os lo dice alguien que ha subido muchas montañas.

Poquito a poco llegué a Yaunde, aquí ya me tocaba gestionar dos visados, uno a Gabón y otro al Congo. Fue pan comido después de una semana y después de acabar casi a puñetazos en la embajada de Gabón. Mi viaje continuaba por un África donde cada vez se escuchaba más español.

Llegué a Libreville, capital de Gabón y allí conocí a Crispín. Crispín trabajaba para una gran empresa española y, como en la embajada de España pasaron de mí olímpicamente, fue Crispín quien me ayudó con los trámites en la embajada de Angola. Me dijo que además de trabajar, estaba para ayudar y mucho más a un compatriota. Y eso que era catalan. Después de dos días en la embajada nos dijeron que era imposible solucionar algo y me enviaron a Pointe Noire en Congo. Sólo había un obstáculo, 500 kilómetros de pista y un pequeño insecto que me haría pasar la malaria. A 90 kilómetros de Dolise pasé cuatro días en una misión católica, allí descubrí el mundo de las misiones,  aunque no era en la primera que paraba, conocí a esos  religiosos y religiosas que consagran su vida a los demás, se dedican a algo más que a dar misas. De allí pasé a un camión con chatarra y tres cabras que cubrió los 300 kilómetros que me faltaban para llegar a Pointe Noire. En esta ciudad las embajadas me darían el disgusto más grande del viaje.
No me podía creer lo que decían. No me aseguraban que tras esperar quince días pudiesen darme un visado de cinco días para llegar a la capital de Angola, luego, una vez allí, debía tramitar un nuevo visado para prolongar mi estancia en ese país. Tan hundido me sentí que pensé comprarme un billete de avión y regresar a España, sin embargo, tras una corta crisis decidí no darme por vencido por un simple trámite burocrático. No me había vencido la malaria, ni los repetidos estropicios de mi bici, ni muchísimo menos me iban a ganar los impedimentos de una embajada. Me entraron ganas de cogerlos del cuello, pero hice algo mejor, cogí un avión dirección  Johannesburgo y directo al mundial.

Ya en Johannesburgo me decidí por la ruta a Bostwana, donde la fronteras ya no tenían barreras, luego el desierto del Calagari. Parecía haber aterrizado en otro mundo, ya existían las reglas del juego, todo estaba mejor pintadito, sin embargo, se había perdido energía, espontaneidad. El viaje ya no era el mismo, pero lo prefería.

Y ya, sin tanto sentimiento, pasé ese desierto del sur de África para dirigirme a la capital de Namibia, Windtouk. Todo iba bien y mi material aguantaba con pequeñas pegas, rueda trasera curvada a la africana, carrito con el último eje a punto de romperse, tienda sin cremalleras y con la estructura empalmada, saco sin cremallera, segundo cambio de la bici  Simano de la prehistoria y bastantes cosillas de más.

Muy poco me faltaba para llegar a uno de los tres cabos míticos, el cabo donde los piratas ya se podían adornar con el  aro que marcaba la proeza. Yo también estaba a punto de doblarlo. ¡Buena Esperanza, allá voy!

Después de unos días por Namibia entré de nuevo en Sudáfrica, ahora en bicicleta y sin el carrito que había llevado arrastrando durante todo el viaje. Algunos kilómetros más adelante se me rompió el pequeño cambio  Simano , pero ni corto ni perezoso empalmé la cadena de mi bici e hice los últimos trescientos kilómetros con un desarrollo fijo hasta Cape Town donde acabaría mi viaje durmiendo en una bonita playa junto a los pingüinos del Cabo de Buena Esperanza.

En total fueron más de 20.000 kilómetros y si los tuviese que resumir en unas frases os diría:
Si tienes un sueño, una ilusión, persíguelo. No te rindas, cuando lo logres sabrás que en la vida se pueden realizar un sinfín de decisiones maravillosas. No sientas miedo de encontrarte solo en el camino porque seguramente encontrarás a  alguien que te eche una mano y descubrirás una de las cosas más bonitas de la vida, "la amistad".